Bronce y bochorno: las dos caras del Triatlón de las Américas en Antofagasta

El Triatlón de las Américas en Antofagasta cerró su primera edición con cifras que buscan quedar en la memoria: más de 25 mil personas en el borde costero durante dos jornadas y un histórico tercer lugar para Chile en la prueba de relevos mixtos. Sin embargo, detrás de las medallas y los discursos oficiales, un capítulo distinto se instaló con fuerza en las redes sociales, donde deportistas, voluntarios y espectadores describieron una organización muy por debajo del estándar que exige un campeonato continental.

Los resultados del Triatlón de las Américas en Antofagasta

El combinado nacional, integrado por Diego Moya, Rafael Capó, Daniela Moya y Andrée Buc, se colgó el bronce en relevos mixtos, detrás de México (oro) y Estados Unidos (plata). El resultado no es menor: la prueba reparte puntos para el ranking clasificatorio rumbo a los próximos Juegos Olímpicos, por lo que refuerza las opciones del equipo chileno en el circuito internacional. Se trata además de un equipo joven, con varios integrantes aún en categoría Sub-23, lo que abre una proyección interesante para el ciclo olímpico que viene.

La cosecha nacional no se quedó ahí. En paratriatlón, Yunerki Ortega sumó plata y Rafaela Rojas bronce, mientras que en la categoría Youth, Maximiliano Bobadilla también subió al podio. La jornada de Age Group, con más de 200 competidores de distintas edades y nacionalidades, cerró tres días de actividad que incluyeron las categorías Elite, U23, Junior, Youth, Paratriatlón y Age Group en el circuito del Balneario Municipal.

Con el debut cumplido, autoridades regionales y dirigentes del triatlón nacional ya proyectan una segunda edición en 2027, apostando a consolidar a Antofagasta como sede de eventos deportivos internacionales.

Las críticas que empañaron la fiesta deportiva

El resultado deportivo, sin embargo, convivió con un cuestionamiento público poco habitual en un evento de esta magnitud. Uno de los propios protagonistas del podio chileno, integrante del relevo de bronce, expuso en sus redes sociales una serie de falencias que, según relató, marcaron su experiencia en la ciudad donde reside.

Entre los puntos señalados aparecen la falta de información clara antes y durante la competencia, decisiones arbitrales que generaron dudas entre los competidores, y una sensación generalizada de que el esfuerzo de los deportistas no fue correspondido por el nivel organizativo. El malestar no se limitó a un caso aislado: otros triatletas que compitieron en la categoría Age Group relataron situaciones similares, desde retrasos en las largadas hasta escasa fiscalización durante el recorrido en bicicleta, lo que —según describieron— habría permitido que un porcentaje relevante de competidores completara una vuelta menos sin que existieran sanciones claras para todos por igual.

A esto se sumaron denuncias de sustracción de pertenencias en la zona de transición y en el parque cerrado, un espacio que en teoría debería estar resguardado, además de comentarios sobre un relato poco profesional durante la transmisión del evento. Voluntarios que participaron en la logística también describieron jornadas de sobrecarga física y emocional, atribuidas a una planificación de personal insuficiente para la cantidad de deportistas —incluyendo a los competidores de paratriatlón— que debía atenderse.

Consultadas por Zona3, tanto la federación nacional de la disciplina como la productora a cargo de la organización del evento optaron por no referirse en detalle a los cuestionamientos. Desde el ente rector del triatlón chileno se indicó que la alta cantidad de competencias realizadas en el período dificultó cumplir cabalmente con todos los compromisos, mientras que desde la productora se prefirió no emitir declaraciones públicas al respecto.

La paradoja queda instalada: Antofagasta demostró tener público, entusiasmo y un equipo nacional competitivo, pero también dejó en evidencia que la organización de un campeonato panamericano exige un nivel de planificación que, esta vez, no estuvo a la altura de lo prometido.

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¿Logrará el triatlón chileno exigir los estándares que sus propios deportistas ya están reclamando de cara a una eventual segunda edición en 2027?